Veamos ahora cómo pueden impactar los diversos tipos de sistemas
en los resultados de una organización:
TIPO DE SISTEMA
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IMPACTO
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EFICIENCIAS
/ AHORROS
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VENTAS
/ INGRESOS
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MRP II
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MUY ALTO
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MUY ALTO
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CAD / CAM / CAE
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MUY ALTO
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MUY ALTO
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ERP / GRP
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MUY ALTO
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MEDIO
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HCM
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MUY ALTO
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MEDIO
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CRM
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ALTO
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MUY ALTO
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SRM
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ALTO
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ALTO
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SCM
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ALTO
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ALTO
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BPM
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ALTO
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ALTO
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BI
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MUY ALTO
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MUY ALTO
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EA
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MEDIO
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MUY BAJO
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GRC
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MEDIO
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MUY BAJO
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Personal Productivity
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MEDIO
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MEDIO
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UC
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MEDIO
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ALTO
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Estas apreciaciones generales de impacto pueden variar
importantemente dependiendo del sector, giro, especialidad, objetivos o
prioridades de cada empresa u organización.
Es precisamente en este punto en el que surge la reflexión
sobre la necesidad de tener una estrategia para establecer la importancia y el
orden que tiene la incorporación de cada tipo de sistemas para cada
organización. Esa estrategia debe derivar en un Plan Estratégico de Tecnología
de Información que esté totalmente alineado con el Plan Estratégico de la
organización.
Recordemos, todas estas herramientas tecnológicas, su implícita red de flujos de información, de revisión, optimización y sistematización de procesos, ven su mayor recompensa cuando se logra finalmente la habilitación de diversos canales de contacto con nuestros clientes, que les generen experiencias satisfactorias al dar cauce adecuado a todas las interacciones que tengan con la organización, fomentando con ello su lealtad hacia la marca y convirtiéndolos en clientes de alto valor.
Las herramientas están ahí. Así mismo están disponibles los
instrumentos para valorar su impacto y justificar su adquisición. Están también
disponibles los métodos, bases de conocimiento y equipos especializados de
apoyo para su puesta en marcha.
Además, hoy día existe la posibilidad de
instalar los sistemas de manera interna siendo administrados y utilizados con
recursos propios de la organización, o también existen diversos esquemas de
subcontratación para explotarlos con apoyo externo, según sea más conveniente
para cada propósito.

La buena noticia es que estos esquemas de outsourcing o tercerización son cada vez más comunes y con ellos las empresas sólo realizan o explotan la parte de los procesos sistematizados que les agregue más valor, dejando que sean otros quienes operen los sistemas a manera de entregar un servicio, recibiendo finalmente como resultado la información, para analizarla y tomarla de base para soportar las decisiones de estrategia, de control o correctivas que sean necesarias.
Ante tal panorama las áreas y los directivos de Tecnología
de Información tienden a desaparecer de las empresas desempeñando las funciones
como los conocemos actualmente.
Aquellos directivos de TI que tengan la visión
para adaptarse a los cambios que se están gestando, y que sean capaces de
expresarse ante sus clientes en lenguaje de negocios, sin tecnicismos, haciendo
las veces de traductores al plantear posibles soluciones, serán quienes puedan
orientar, guiar, aconsejar y asesorar a las empresas, tal y como lo hace actualmente
un fiscalista o un abogado corporativo, que no requiere estar enrolado de
tiempo completo como un ejecutivo de alto nivel en el organigrama, participando
incluso en ocasiones como asesores externos en los consejos de administración
de las organizaciones para aportar su conocimiento y dar el soporte requerido
de su especialidad.
Este es el valor que hoy podemos
aportar a su organización, al apoyarlo a delinear y establecer
desde el mismo plan estratégico de la organización en caso de no contar con él,
llegando al detalle de los planes específicos para cada estrategia, sin perder
de vista que una de las estrategias fundamentales son las ventas y los ingresos
a partir de clientes satisfechos y leales.
A la vez que se alcanza este objetivo, también se deben
procurar las eficiencias en los procesos en busca de optimizarlos y mantener
niveles adecuados de costos, maximizando los márgenes de utilidad.
Para que estas estrategias puedan triunfar en un mundo
globalizado y altamente competitivo, se requiere también de una adecuada
estrategia de Tecnología de Información, que sea integral y totalmente
alineada con el negocio, que soporte no sólo a las estrategias de marketing y
ventas, sino también al resto de las estrategias que se establezcan en la
empresa para hacer de su visión una realidad.






















