Pero también, sin duda, muchas personas que lean estas
líneas podrán compartirnos más de una anécdota en la que nos comenten maravillosas caminatas, ejercicios, trayectos al trabajo, a casa o a la escuela, juegos, viajes, días de campo, paseos de fin de semana, citas amorosas, trabajo, o incluso elegantes fiestas, que han sucedido bajo la lluvia y que han sido toda una experiencia, de esas que vale la pena vivir.
Gran parte de la reafirmación de que mojarnos en la lluvia provoca enfermedades, proviene precisamente de la misma programación a la que nuestra mente está sujeta con motivo de nuestra educación, provocando con ello la enfermedad luego de una buena empapada. Les puedo asegurar que si se toma una actitud distinta así como un mínimo de precauciones y acciones posteriores, no hay en realidad razón para que una buena mojada termine en algún resfriado.
Si por el contrario, nos programamos en que en una circunstancia, ya sea de quedar atrapado en la lluvia, o bien, de intencionalmente participar de tan fabuloso acontecimiento de la naturaleza, hacemos el propósito de disfrutarlo, de dejar que las defensas naturales de nuestro cuerpo se activen y con ello un estado de ánimo positivo que permita que “nos integremos” y gocemos con la mojada, será suficiente para que aunque no podamos secarnos inmediatamente, podamos mantener una salud adecuada y estable. Y esto no es un asunto de edades, pero sí está relacionado con un cuerpo saludable, equilibrado y una mente preparada para manejarlo.
Cuando la lluvia es esperada para participar en ella, la experiencia y el placer de sentirla puede entonces crecer exponencialmente. Así, si intencionalmente nos preparamos con ropa, calzado, condiciones de seguridad y el estado anímico adecuados, el gozo que podemos experimentar es mayúsculo, ya que se pueden obtener sensaciones que normalmente no percibimos cuando nuestro cuerpo y nuestra mente están a la “defensiva” de la lluvia. Por ejemplo, la sensación del impacto de las gotas de agua sobre nuestra piel o sobre nuestro cabello, escurriendo por nuestra cara, los aromas a tierra mojada o los olores que despiden algunas plantas al reaccionar también a la lluvia, lo diferente que se visualiza el panorama cuando todo está mojado, observar los caprichosos caminos que sigue el agua ayudada por la gravedad en busca de su camino de regreso al mar. Incluso con las debidas precauciones se puede disfrutar enormemente de la majestuosidad de los relámpagos y de los truenos que les siguen, de lo espectacular que resulta una tormenta eléctrica, haciéndonos conscientes de la fuerza y la energía que es capaz de manifestar la naturaleza, y por supuesto de la felicidad que provoca en la gran mayoría de las personas la aparición en el cielo del arcoiris.
Finalmente, cuando además de lograr disfrutar la lluvia, ya sea contemplándola o participando de una buena empapada, se puede aprovechar también la oportunidad de aprender de la naturaleza para afrontar y resolver las distintas pruebas y problemáticas que enfrentamos en la vida, entonces la experiencia se vuelve también didáctica. Así podemos validar una que prácticamente es una ley universal, que versa “después de la tormenta viene la calma”, o podemos analizar también la frase de “ahogarse en un vaso de agua”.
Respecto a las oportunidades y recursos se puede reflexionar al ver correr el agua en aquellos que dicen: “agua que no has de beber, déjala correr”, o bien, “agua pasada no mueve molino”, o el que describe la naturaleza acaparadora del ser humano y dice “cada uno quiere llevar el agua a su molino y dejar seco el de su vecino”. También está aquel refrán para los que quieren tomar todas las decisiones a la segura que dice “agua esperé y tarde sembré, sabe Dios lo que recogeré”.
También aquí vale la pena recordar una frase célebre de Martin Luther King, que decía “un arcoíris necesita lluvia”, y que cierto es que los grandes logros requieran antes de importantes esfuerzos y en ocasiones de sacrificios y penas.
Aprender a sortear la lluvia y las corrientes también puede ser una experiencia muy útil en temas tales como protección civil, de estrategia, de planeación y de solución de problemas.
Entender la forma en que el agua se abre paso en su camino de vuelta al mar es una buena metáfora para aprender a saber cuándo tomar y cuando evitar las diversas corrientes, en función de sus magnitudes, a las que nos enfrentamos en la vida en todos los ámbitos en que nos toca desarrollarnos.
Todo este tipo de reflexiones, conocimiento, enseñanzas, aprendizajes, experiencias y vivencias se pueden desarrollar en torno a prácticas de campismo especialmente dirigidas bajo la lluvia. En estos campamentos se aprovechan las múltiples oportunidades para generar experiencia y conocimiento desde la estrategia y la planeación para montar el campamento, la ubicación, inclinación y dirección de la tiendas de campaña y sus toldos, el tipo y la inclinación del suelo para evitar corrientes, la ubicación con referencia a sitios propensos a la caída de rayos, las caminatas bajo la lluvia o en suelos lodosos, la forma y momentos de enfrentar corrientes de agua o ríos, cómo poder hacer fuego, cómo colectar agua para beber, la forma de vestir y las técnicas para mantenerse secos durante una tormenta, etc.
En Outdoor Experience 4 Productivity podemos compartirte estas técnicas y facilitar lo necesario para vivir con tu equipo una agradable e inolvidable experiencia bajo la lluvia. ¿Te gustaría platicar con nosotros? Por lo pronto te invitamos a dejarnos un comentario y compartirnos tus experiencias bajo la lluvia.