jueves, 12 de junio de 2014

Ludotecas y su gran potencial como espacio de desarrollo social a través del juego y la convivencia.

Ayer al participar en la inauguración de la Ludoteca Scholé, un proyecto de Diego Rangel en el que se ha integrado e involucrado totalmente mi hijo Rafa, finalmente entendí  en toda su dimensión (como coloquialmente se dice “me calló el veinte”!) la importancia que tiene una ludoteca, la cantidad de trabajo, de conocimiento, de aportación y de impacto que tienen estos espacios para la sociedad y para el país. Y también en consecuencia logré entender el nivel de pasión que sienten y contagian para con este proyecto tanto Rafa, Diego, Mónica, Demetrio y todos los que creen, promueven e impulsan a nivel nacional la creación, profesionalización y difusión de las ludotecas.

Las palabras que dirigiera Diego fueron pocas, pero profundas y como un cuchillo que abrieron de tajo mis percepciones sobre el potencial de las ludotecas y del impacto social que se puede lograr mediante su difusión y replicación en todo el país.

De entrada, me quedó totalmente claro que la ludoteca no es un lugar, un local o un mero espacio con un montón de juegos y juguetes donde uno pueda divertirse y se pueda tomar un café. En realidad eso no es más que la infraestructura, que adquiere vida a partir de la labor del ludotecario, quien se encarga, basado en técnicas y conocimientos profesionales, de promover la participación de los asistentes, integrándolos, creando programas atractivos y variados, con actividades que sean interesantes, retadoras y que llaman la atención de quienes asisten, que tienen una aportación a la sociedad que pude ir desde la integración de grupos juveniles o de cualquier edad en ambientes sanos, la integración de familias, el desarrollo y educación de comunidades, el entendimiento mismo de la vida como un juego (como lo comentara Demetrio al hablar del Patoli, juego que practicaban nuestros ancestros prehispánicos), hasta la solución de problemas sociales que lastiman y aquejan a las sociedades “modernas”.

En particular me quedé con un punto que desafortunadamente está “de moda”: el bulling. Y se comentó que precisamente a través de la infinita gama de actividades y alternativas que da una ludoteca, o bien actividades colaterales como campamentos o excursiones, para jugar, convivir, educar y compartir, también se puede incidir de manera directa en la solución de problemas sociales, y tal es el caso de establecer “terapias” a niños que sufren y viven día a día el acoso de los “bulleadores”, para enseñarlos a tener confianza en sí mismos, a expresarse, a defenderse, a compartir y decir lo que sienten, lo que les pasa, lo que les gusta y lo que no les gusta, así como lo que desearían que sucediera para sentirse parte de un grupo y de la sociedad a la que pertenecen.

Ese fue un ejemplo de sólo uno de los problemas que se pueden atacar con estos espacios y sus actividades. Basta con hacer un rápido ejercicio de lluvia de ideas y utilizando algunas de las ideas que comentara Diego el día de ayer, para ver el potencial que tiene la ludoteca como elemento fundamental en el desarrollo, la mejora social y comunitaria. Así podemos pensar en apoyo a la desintegración familiar, a encausar inquietudes artísticas de cualquier tipo, a actividades y educación ecológicas, a actividades productivas a través del juego (como cocina o repostería, siembra de hortalizas, elaboración de artesanías y manualidades, floricultura, piscicultura, etc.), como galería para montar exposiciones de pintura, escultura, fotografía, teatro, cine, para capacitación en primeros auxilios y ante eventos catastróficos, regularización escolar, habilidades matemáticas, conocimientos de historia, e incluso hasta para trabajar en el desarrollo espiritual (no religioso) de los individuos, en fin, el potencial no tiene límites, se puede enseñar a trabajar, a vivir y a disfrutar jugando.

Recuerdo cuando estaba chico y acompañaba a mi Papá a sus recorridos de supervisión en los centros de actividades sociales del ISSSTE en el DF y las clases que impartía de gimnasia en el centro social del IMSS en Ciudad Sahagún, Hgo.. Veía que la gente acudía con entusiasmo a sus clases de danza, de pintura, artesanías, de gimnasia, futbol o béisbol. También recuerdo el orgullo con el que participaban en las exposiciones que se montaban o en las demostraciones que hacían de las habilidades adquiridas.

Pues hoy también me resulta evidente, que cada uno de esos centros que aún existen, ya sea bajo la gestión del IMSS, del ISSSTE, de las delegaciones políticas del DF, o de ciudades, municipios o estados, a todo lo largo y ancho de la República Mexicana, deberían contar con una ludoteca y con su respectivo ludotecario. Pero no solamente los centros de actividades sociales y comunitarios, además también hoy percibo que los miles de elefantes blancos en que se han convertido las bibliotecas públicas, y que si bien tienen una función muy particular que debe perdurar, podrían tener un sutil giro al agregar a sus funciones las de una ludoteca, con lo cual podría incentivarse importantemente el interés por utilizar sus recursos, sus instalaciones… y también, obviamente, sus libros!

Y conforme sigo pensando, sigo visualizando en el panorama opciones de expansión de este importante concepto. Así surge la conveniencia y múltiples aplicaciones posibles para contar con una ludoteca en museos, terminales áreas o camioneras, empresas de cualquier giro, centros comerciales, universidades y escuelas,  oficinas de gobierno, centros turísticos, etc., etc., etc. Sobra decir el impacto positivo que esto tendría en incrementar fuentes de trabajo totalmente productivo y cien por ciento profesionalizado.

¿Dónde está la Secretaría de Educación Pública? ¿Dónde está la Secretaría del Trabajo? ¿Dónde está la Secretaría de Desarrollo Social? Mmmm…. En fin, lo suyo es hacer política, administrar la burocracia y sus intereses, contener las presiones sociales, y mal gastar el presupuesto en temas que poco o nada aportan realmente al desarrollo, como el dar dádivas o dar de comer, en lugar de “enseñar a pescar”; por el contrario, con sus programas y visiones lo que hacen es fortalecer los aparatos institucionales, políticos y económicos, favorecer a la inversión extranjera vendiendo al país y ampliando las brechas sociales, la pobreza extrema y el estancamiento social, cultural y educativo de la sociedad mexicana. Podemos dejar que sigan durmiendo el sueño de los justos mientras los ciudadanos que queremos realmente a nuestro país nos ocupamos de emprender y hacer gran parte del trabajo que ellos debían facilitar, o podemos también… presionarlos de muchas maneras para que actúen y hagan su trabajo.

Es por todo lo anterior que ahora no sólo entiendo, sino que comparto y me entusiasma la pasión de quienes se han entregado en cuerpo y alma a impulsar el desarrollo de las ludotecas en México, como ya está sucediendo en varios países en el mundo. Cuenten con mi apoyo, colaboración, energía y entrega, ya que desde ayer me he unido a la misión, que es sin duda una sinergia más por México.

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